Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

17/2/15

UN DIA O UNA NOCHE....

UN DIA…me gustaría que supieras que eres especial. Lo eres. Lo eres por tus andares, por esa boca entreabierta que anuncia la profundidad de un sueño, por tus dientes vestidos de novia dando el sí quiero a la risa floja. También por esa mezcla de ceniza y nieve salpicada en tu pelo, y por tus ojos, sobre todo por ellos, porque siempre me dieron la cordura justa y necesaria para cometer locuras sin miedo. Gracias a tus ojos, corto y recorto los hilos que me atan a lo terrenal y me siento libre.
Eres especial, como el tiempo cuando no es tiempo sino momentos de placer, felicidad, pasión, sino vida. Créeme, eres único. Lo eres porque la suma de tus imperfecciones son problemas resueltos, son soluciones perfectas. Después, tras la superficie, debajo de toda esa piel nacida solo para que la toquen, encuentro la calma, el oleaje del mar. Y allí, a mi playa particular que es tu pecho, voy a encontrarme cuando no sé ni quién soy, a escuchar los latidos de un corazón sin precio. Siento su bombardeo con prisa, con mucho ritmo y es magnífico.


UNA NOCHE… me gustaría decirte que tu simple existencia cambió para siempre la complejidad de la mía. Ahora mi presente fluye como las bases de las canciones que animan nuestras madrugadas de cine, sin película. Esas madrugadas bajo las sábanas, de escenas de cama, abrazo y cigarro. Un día o una noche, sinceramente no importa, escribiré que nuestro equilibrio es inimitable.

1/4/14

Ahora. A mi abuela gitana

El cielo está enladrillado, ¿quién lo desenladrillará? Abuela, el cielo está hoy como tu trabalenguas, ¿te acuerdas? Hay un pesado telón de barro frío sobre nuestras cabezas y una humedad de musgo que hace que a mamá le duelan todos los huesos. No me gusta la lluvia sin tu manta de ganchillo, no me gusta que llueva cuando nuestro cielo, el tuyo y el mío, se queda sin desenladrillador. Creo que seguirá así durante la noche. Papá se alegra por sus olivas, dice que están secas y que el agua que cae como aguja líquida es una bendición para las grietas de la tierra, pero a mamá, ya sabes, esto se le cala hasta los tuétanos. A Laura no le importa, a la adolescencia le da igual el tiempo y el cielo, eso son preocupaciones de mayores, de los que miran hacia arriba como si ya se hubieran cansado de observar lo de abajo. Y yo, abuela, yo no sé dónde mirar. 
     Febrero se ha comido medio mes, y nosotros mes y medio desde que brindamos con las copas de cristal fino y degollamos las gambas para luego libar sus duras cabezotas de guerrero bigotudo. El año nuevo ya no es tan nuevo o, al menos, a mí me lo parece. Papá propuso pasar las Navidades junto a la lumbre, es decir, en el cortijo, y a todos nos pareció buena la idea de oler a zorruno. La casería se llenó pronto de nosotros, de los perros, de boniatos, de sopa caliente y de ramitas de romero. Todo estaba lleno de algo, todo menos la poltrona, o la sillita de la reina como le decías para adjudicarte un asiento que, para entonces, ya era más tuyo que de nadie. El día 25 comimos la merluza de la noche anterior y la casa entera entró en una modorra arrastrada de vinos y champán. Después, Nochevieja. Más copas de cristal y más gambas sin cabeza. Tu poltrona vacía y la botella de anís que no sonaba. Pero es febrero, abuela. En el cortijo salieron las primeras flores del almendro, a pesar del frío y de la humedad. Febrero es el mes de los enamorados pero yo no tengo novio. No, todavía no. Así que sin chico con quien gastar mis besos todos los que me vienen a la boca los reparto como pompas de jabón; unos pocos por el cielo, otros pocos por la tierra porque abuela, yo no sé dónde mirar. Ya te lo he dicho. A veces, lo mismo beso tu estampita olvidada de Santa Marta, la del dragón entre los pies, que beso un bulanico y le pido deseos. Abuela, intuyo que las rosas no llegarán este mes. Será un febrero deshojado. Quizá Laura aparezca con un ramillete de amatorias. Está en la edad. Me la imagino paseando por la plazoleta de los novios, prendida a un novio de colegio, con los ojos y las manos de los trece. Imagínatela, entrando en casa con la pasión encendida en las mejillas, abarcando sus flores como conquistas rojas. Y yo me enamoro de su alegría, del pelo suelto que le baila a los niños, de la gracia nerviosa que le baja a los pies. Creo que los amores de colegio siempre llegan demasiado pronto o demasiado tarde. Luego, hay que tener una abuela gitana o algo que enseñe a enamorarse de la vida, aunque a veces duela, como tú decías o como cantaba Camarón. No importa. 
    Tengo el baúl verde lleno de cartas y sospecho que sus entrañas sabrán más de mí que yo misma. Cuando mayo llegue no habrá baúl para todas, con lo que te gustaba la primavera. Quizá deje de escribir cartas y aproveche para ir al campo y vestirme de tus faldas flamencas, de amapolas. Con eso serías feliz. Abuela, echo de menos tu cariño de mamá elefante, ese cariño que llegaba a mis amigas y a las amigas de mis amigas. Pero me doy cuenta que la vida sigue muriendo y renaciendo igual sin ti, como la flor del almendro y que el amor está en todas partes; en el cielo o en los recuerdos, que viene a ser lo mismo, pero también en la tierra, en Laura, en la merluza del 25 de diciembre, en mamá, en papá y sus olivos y en el brindis con las copitas de cristal. Abuela, prometo estar enamorada toda la vida. De la vida. Aunque a veces, duela.

14/9/13

El muro de las lamentaciones


La puerta se abre cuando carraspea la primera garganta del barrio, cuando se desgastan los ánimos y se olvidan las composturas. A media tarde el sonido del hielo en la copa resulta tan glorioso para los esperpentos como lo es para el creyente escuchar el replique de las campanas. Es un tugurio elegante, inglés, con mesas y sillas de madera de acabados rojizos y dorados. Allí huele a tiempo estancado. En el muro de las lamentaciones reposa el alcohol de una hilera de vasos medio vacíos, pintas y medias pintas que embriagan pesadumbres que ni los posos quieren escuchar. Varias espaldas encorvadas esconden el patetismo de frentes decadentes y, sobres esos mismos hombros, descansan unas cabezas que se rindieron a la llegada de su otoño. Fuera, un rebaño quiebra el sosiego pastoril del bar. Recipientes de carne van y vienen formando una muchedumbre animal. Nadie escucha. Nadie observa. Mientras, cuatro gatos purifican su alma con cebada. Pero la vida transcurre ajena a una estampa tan humana.  

15/10/12

Trece años después...Laura.


Para Laura. Mi pequeña e inoportuna Laura.... llegaste en el mejor momento.

Te escribo en una noche cualquiera de insomnio. En un desvelo de minutos peligrosos y horas letales. Mientras tanto, tú sueñas con cantar y ser actriz. Te escribo bajo un cansancio autodestructivo de las que emergen, madrugada tras madrugada, todas mis inquietudes. Mientras tanto, tú sueñas con bailes y canciones. Ahí estás. Bajo las sábanas, protegiéndote del mundo. Algún día entenderás que solo la inocencia, o tal vez la ignorancia son las únicas armas para enfrentarse a la vida. Sin herir y sin ser herido. Hasta entonces disfruta de los sueños, pequeña. Con el tiempo habrás reído mucho y llorado demasiado. No puedo imaginarlo. No quiero aceptarlo. Ese será otro cuento que quizá nunca quieras contar.

El universo entero conspiró nueve meses antes de su nacimiento. Allí estaba, mi pequeña camarada. Jamás olvidaré sus ojos, solo sabían ver… Insidiosa adultez. El olvido de la infancia y del sentir de los sentidos fue lo que desquició a los hombres. Qué más da, Laura me enseñó que todo lo demás es lo de menos. No me importa el resto, nada.

Pequeña escribo para agradecerte los sueños de bailes y canciones que trajiste a mis días. Hoy y ahora es el momento, aunque tenga los ojos cerrados y la mente extraviada por el sueño. Mañana me parece demasiado tarde…..


….y como escribió algún loco de los más cuerdos por haber y habido, en no sé qué pared, de no sé qué metro…


Que la vida va en serio….Bébetela en broma. Sorbito a sorbito. Sin que te amargue. Pero bébetela. Toda. Yo estaré aquí. Siempre. Como siempre, para que la pereza no te agarre ni la resaca tambalee tus pasos.