30/7/17

CONOCIDO DESCONOCIDO

Estás sentado en la terraza de cualquier bar, rodeado de personas, farolas, coches, tiendas, edificios, ruido, perros, niños, gritos y lo único que pone alegría a esta ciudad eres tú. Quieto en medio del caos miras el alboroto sofocante como quien observa una hoguera. No piensas en nada pero hasta la nada te pesa. Y yo, que estoy sentada en la terraza de ese mismo bar, rodeada de las mismas personas, farolas, coches, tiendas, edificios, ruido, perros, niños, gritos, lo único que me importa entre tanta tumulto es tu pensamiento. Solo lo que se cuece en tu cabeza, solo el alboroto de ideas volátiles que construyes y destruyes como las piezas del K´nex.

No parpadeo, bebo sin pestañear y esta cerveza helada me sabe a tus ojos de eclipse solar, oscuros, inquietantes, bordeados de vida y en ellos me recreo imaginando la desnudez plena de tu cuerpo, en tus brazos y en la temperatura que alcanzarían rodeándome. Pero quiero más, quiero oírte hablar, bailar con tus entonaciones fuertes, desconcertantes como una resaca en martes. Quiero pasear contigo por barrios desconocidos, ponerle nombre a las calles, mirar los ventanales ajenos de los edificios, pequeños, por donde la gente nos mira a nosotros mientras se marchitan sin luz como sus geranios. Decir hola a los parques y a los placeres pasajeros de turrón, decir adiós a los horarios y a las estaciones de metro. 

Se me acaba el cigarro y me quemo la piel de los dedos y de los labios al mismo tiempo pero es que estoy tan fresquita pensándote que ocurre casi sin darme cuenta. De repente, viene tu brisa de pomelo y a estas alturas creo que me gustas tanto ya de lejos que de cerca sería una locura. 

22/1/17

TIERRA

Mi padre tiene doce olivos. Doce árboles como doce hijos. Se despierta con el gallo para ir a verlos crecer. Toca las ramitas nuevas y salta de poza en poza cantando al aire coplas de Antonio Molina. “Cuando llegue el invierno las aceitunas estarán gordas como melones”, me dice en verano. Después, ríe a carcajadas. Con esa felicidad, henchido el pecho, es un gorrión loco. Madruga para escuchar los secretos del campo, la tierra crujiente de agosto, el cortejo de las moscas, el óxido de la puerta vieja, las tripas del tractor aún sin enfriar, Desde su finca, nadie puede escuchar a mi padre, sin embargo, desde allí, él puede escuchar todos los sonidos del universo. Mientras, en la ciudad que nunca duerme, los minutos se comen a las horas y las horas a las personas. Él tiene miedo a esa vorágine, a que le coman, por eso huye tan temprano, para escapar de la muerte lenta. Después vuelve a casa, dejando mendruguitos de barro por toda la escalera y ahí se quedan pegados hasta el día siguiente. Me gusta verlos, esquivarlos, jugar con ellos. Le deja la humanidad, el relieve, a la frialdad de las baldosas del portal. Bajo peldaño a peldaño, imaginando, creando, de esos pedacitos de tierra, caras y animales. Luego sale mamá con la escoba y me barre de sopetón el juego. Así son las mañanas de colegio, porque el fin de semana somos cinco botas sucias y a mí, me gusta pisar muy fuerte para que la arenilla se desprenda. Echo de menos dormir en el campo, estar acostada en la cama, sentirme, sentir que estoy o que soy. Consciente del tacto exacto de las sábanas, del olor a noche cerrada, de mis ojos de búho recorriendo el cuarto. Todos mis sentidos puestos en la vida. Puestos en la tierra. De donde vengo. A donde voy. De fondo, los perros olfatean el abandono. 

AGUA, MADERA, FUEGO, AIRE Y METAL



"Estas energías están interrelacionadas en armonía entre sí, manteniendo la vida. Si una se resiente, lo siente el todo y la armonía se rompe"





Al final sólo somos eso. Elementos.Vamos a sentirnos cómo tales.  










26/12/15

LÁPIZ, ALCOHOL, LLAMAS.

Será por la mezcla de rojos y amarillos de este fuego bailarín o por el recorrido serio y certero del ron con hielo, pero tengo un pensamiento quemándome la piel y una mirada que, a veces, se me pierde sin querer. Lápiz, alcohol, llamas. Más alcohol, más llamas, el lápiz corriendo solo. Y mientras más llena de alcohol y llamas, más brío tiene mi lápiz. Descontrolado. Entonces, ¿Qué esperas que te diga si estuvieras aquí ahora? Si vieras como yo veo el hielo derretirse, mis piernas semiabiertas, el hielo desapareciendo, mis piernas abiertas, el vaso sin hielo...Me gustaría que probaras el ron, sin rozar el cristal, sin sentir el hielo. Sería un beso suave, lento como el sopor cuando sube a la cabeza. Si estuvieras aquí. Ahora. Hablaríamos de la hormiga que me sube por el hombro y se escurre hacia el pecho, y dejaría que simularas con tus dedos sus patitas de hormiga perdida. Si estuvieras aquí. Ahora ... Sería tu lápiz.

23/12/15

GRACIAS

Doy las gracias por este sol que calienta mis mejillas con cuidado, casi acariciándolas. Por este sol de sosiego alegre, que detiene y limpia al tiempo de su pasado imperfecto.
Doy las gracias al color verde, a todo lo que pinta de hierba viva el paisaje de mi paraíso.
Doy las gracias a ese pájaro desconocido con canto de hurraca, al roce de las patitas de las moscas, a sus alas cansinas, al baile lento de las ramas y a los ladridos de perros lejanos. Que no, que no perturban.
Gracias al abrazo blando, a la compañía de musgo de las montañas, a los sonidos impropios que rebotan en sus pechos de arbustos y flores.
Gracias a esta naturaleza viva o a esta vida natural, a este micro universo sin grietas ni fisuras, sin contaminación política, sin dinero, sin esperas, sin decepciones, sin necesidades artificiales, sin expectativas, sin leyes humanas.
Gracias también al cielo, siempre azul de día, siempre estrellado de noche. Siempre tan cielo. Simplemente cielo. En él, mis deseos. A él, mis miedos.
Gracias al silencio por presentarme a mi yo perdido, por encontrarme las piezas sueltas de un alma que no encajaba.
Gracias a la soledad, que me dio la oportunidad de amarme incondicionalmente y de amar sin condición. Y gracias a este tiempo sin horas por convertir sensaciones en estados infinitos.